martes, febrero 14, 2006

Tratado sobre la magia

Dicen que la magia es un sueño de los niños y de los ilusos… muchos lo dicen.

Dicen que es el resultado de un complejo juego de espejos. Que sería fantástico que existiera, pero que dejemos de soñar con ello, que no nos hagamos ilusiones. Creo que esta gente es la más infeliz de todos los infelices.

Yo sí creo en la magia. Y entiendo magia como fuerza de origen maravilloso, como luz de orígenes misteriosos, como palabra de un lenguaje antiguo capaz de resonar en las cavidades carnosas de nuestros huesos. Por poneros un ejemplo. Creo que Amor es magia, Nombrar es magia, Crear es magia, así como magia es también Destruir. Hay muchos tipos de magia distintos, tantos como seamos capaces de soñar. El Sueño es un reino creado y nacido en la magia y cuando Imaginamos hacemos magia.

Muchos de nosotros somos capaces de notar esa dimensión especial en las cosas que nos rodean, en este mundo que compartimos con los que se han obligado a olvidar como se hace. E incluso ellos hacen magia sin saberlo, pues es intrínseco en nuestra naturaleza.

La mayoría de magos se dedican a la escritura, o tienen algún tipo de trabajo creativo con el que se sienten felices y llenos, o estudian el saber del hombre, del cosmos y sus vástagos buscando en lo profundo de la erudición el entendimiento de esta fuerza primordial. Así pues podemos encontrar grandes relatos en los que la magia del Creo tiene un papel importante (la que se representa con más fuerza en el plano de la existencia), e historias donde las magias sutiles del Tiempo dejan patente su paso a través de innombrables generaciones de Luz.

La Luz es otra expresión de esa magia antigua. La luz hace posible la existencia, así como el descanso del anochecer, donde nos llega Luz de otros soles lejanos, suave al tacto, agradable a la piel y fuente de nutrición de nuestros Sueños.

No quiero que esta entrada sea más extensa o pesada de lo necesario. Durante la existencia de este espacio en la web voy a intentar ir poniendo en claro mis descubrimientos sobre la magia, comenzando por el lugar donde fui consciente de ella por primera vez: en los libros.

Los libros son compendios de magia, cajas hechas de la materia de nuestros hermanos árboles (los únicos de contener en su interior un torrente tan grande de Creo, los bebedores de Luz). En ellos podemos viajar, de forma sencilla, a otros mundos que existen en el horizonte de Magia. Algunos, atrevidos, hablan abiertamente de su existencia. No todos los hombres pueden aguantar algo así, pues choca frontalmente contra su ceguera. Los precursores del descubrimiento son en su mayoría niños.

Cuando hace tan poco tiempo que has estado en contacto con la magia de tu Madre es imposible pasar por alto los indicios de su permanencia. Cuando eres niño encuentras la magia por todas partes. La Ves, como dibujos de color sobre todas las cosas que Existen. Y todo Existe.

jueves, febrero 02, 2006

Así empezó...

"Nadie acudió a recibirle cuando entró en la ciudad. Llegó en una negra y silenciosa madrugada, alumbrado por la luna que sólo sus ojos podían ver. Había despachado al Dragón Verde con instrucciones de aguardar su llamada. No atravesó las puertas, ningún centinela presenció su arribo.
No necesitaba cruzar portales ni murallas, fronteras destinadas a los simples mortales que habían dejado de interesarle. Invisible, ignoto, recorrió las dormidas calles.
Sin embargo, alguien supo de su presencia. En el interior de la biblioteca, Astinus, volcado como siempre sobre su trabajo, cesó de escribir y alzó la cabeza. Mantuvo un instante la pluma suspendida encima del papel hasta que, encogiéndose de hombros, reanudó la redacción de sus crónicas.
El recién llegado avanzaba presuroso, apoyado en un bastón coronado por una bola de cristal que sostenía la garra dorada de un dragón fantasmal. Aquella esfera luminosa está ahora apagada, no precisaba de su luz para guiarle pues sabía donde se dirigía, durante siglos había realizado este trayecto con la imaginación. El repulgo de su negra túnica rozaba sus tobillos mientras caminaba; sus dorados ojos, que resplandecían en las profundidades de su oscura capucha, eran los únicos destellos en la amodorrada ciudad.
No se detuvo al llegar a la plaza central, ni siquiera miró los edificios abandonados cuyas ventanas vacías parecían las cuencas oculares de una calavera. Su paso no flaqueó cuando se deslizó bajo las sombras de los altos robles, aunque estas sombras bastaron un día para aterrorizar a un kender. Las manos descarnadas que se extendían para atraparle se desmenuzaban en polvo bajo sus pies, y las aplastó sin inmutarse.
Apareció en el panorama la elevada Torre, negra en medio de la noche cual una puerta cavada en la penumbra. Al fin la criatura de negros ropajes y enhiesto cuerpo hizo un alto en su peregrinar para contemplar la mole. Escudriñaron sus pupilas su estructura, los desmoronados minaretes y el bruñido marmol que refulgía bajo la fría pero penetrante luz de las estrellas. Asintió despacio, satisfecho.
Se sumió ahora en la contemplación de la verja de la Torre, de los inquietantes jirones que revoloteaban apresados en la valla.Ningún mortal corriente podría haberse enfrentado a aquella cancela rodeada de misterio sin haberse vuelto loco, presa de un indescriptible terror. Ningún mortal habría salvado indemne la doble hilera de centinelas en forma de robles.
Pero Raistlin estaba allí tranquilo, sin miedo. Alzando su delgada mano asió el retazo de túnica negra, aún manchado con la sangre de su portador, y lo arrancó de la verja.
Un lamento sobrecogedor brotó de las entrañas del Abismo. Era el grito de un ser ultrajado, tan sonoro y escalofriante que los ciudadanos de Palanthas se despertaron temblando de su sueño y se incorporaron en los lechos paralizados por el terror, convencidos de que se avecinaba el fin del mundo. Los centinelas que aguardaban las puertas no acertaban a moverse y, con los ojos cerrados, se ampararon en las sombras para aguardar la muerte. Los niños se agitaban en sus cunas, los perros se ocultaron bajo las alacenas y los ojos de los gatos adquirieron un brillo singular.
Resonó un nuevo alarido y una lívida mano surgió de la Torre, el miembro de un rostro espectral que, retorcido de ira, flotó en el viciado aire.
Raistlin no pestañeó. La mano se acercó, la faz se cernió sobre él para augurarle las torturas del Abismo, donde sería arrastrado sin remedio por haber cometido la imprudencia de desafiar la maldición de la Torre. Los esqueléticos dedos se rerraron en torno al corazón de Raistlin pero, temblorosos se detuvieron.
-Debes saber que soy el amo del pasado y del presente -anunció el hechicero con voz pausada aunque clara, al fin de que pudieran oírle los moradores de la Torre-. Mi venida está escrita. Las puertas se abrirán a mi paso.
La mano espectral se retiró y, con un leve gesto, le invitó a penetrar en el edificio. Obediente a esta señal, la verja giró sobre sus silenciosos goznes.
Raistlin traspasó el umbral sin molestarse en saludar a la mano ni al ceniciento rostro que se inclinaba ante él en una respetuosa reverencia. Cuando penetró en el interior todos los entes negros, informes, sombríos que habitaban el recinto le rindieron homenaje.
El mago hizo un alto para examinar su entorno.
-Éste es mi hogar -susurró."

CRÓNICAS DE LA DRAGONLANCE, Volumen III
La Reina de la Oscuridad
Margaret Weis - Tracy Hickman