Tratado sobre la magia
Dicen que la magia es un sueño de los niños y de los ilusos… muchos lo dicen.
Dicen que es el resultado de un complejo juego de espejos. Que sería fantástico que existiera, pero que dejemos de soñar con ello, que no nos hagamos ilusiones. Creo que esta gente es la más infeliz de todos los infelices.
Yo sí creo en la magia. Y entiendo magia como fuerza de origen maravilloso, como luz de orígenes misteriosos, como palabra de un lenguaje antiguo capaz de resonar en las cavidades carnosas de nuestros huesos. Por poneros un ejemplo. Creo que Amor es magia, Nombrar es magia, Crear es magia, así como magia es también Destruir. Hay muchos tipos de magia distintos, tantos como seamos capaces de soñar. El Sueño es un reino creado y nacido en la magia y cuando Imaginamos hacemos magia.
Muchos de nosotros somos capaces de notar esa dimensión especial en las cosas que nos rodean, en este mundo que compartimos con los que se han obligado a olvidar como se hace. E incluso ellos hacen magia sin saberlo, pues es intrínseco en nuestra naturaleza.
La mayoría de magos se dedican a la escritura, o tienen algún tipo de trabajo creativo con el que se sienten felices y llenos, o estudian el saber del hombre, del cosmos y sus vástagos buscando en lo profundo de la erudición el entendimiento de esta fuerza primordial. Así pues podemos encontrar grandes relatos en los que la magia del Creo tiene un papel importante (la que se representa con más fuerza en el plano de la existencia), e historias donde las magias sutiles del Tiempo dejan patente su paso a través de innombrables generaciones de Luz.
La Luz es otra expresión de esa magia antigua. La luz hace posible la existencia, así como el descanso del anochecer, donde nos llega Luz de otros soles lejanos, suave al tacto, agradable a la piel y fuente de nutrición de nuestros Sueños.
No quiero que esta entrada sea más extensa o pesada de lo necesario. Durante la existencia de este espacio en la web voy a intentar ir poniendo en claro mis descubrimientos sobre la magia, comenzando por el lugar donde fui consciente de ella por primera vez: en los libros.
Los libros son compendios de magia, cajas hechas de la materia de nuestros hermanos árboles (los únicos de contener en su interior un torrente tan grande de Creo, los bebedores de Luz). En ellos podemos viajar, de forma sencilla, a otros mundos que existen en el horizonte de Magia. Algunos, atrevidos, hablan abiertamente de su existencia. No todos los hombres pueden aguantar algo así, pues choca frontalmente contra su ceguera. Los precursores del descubrimiento son en su mayoría niños.